"Decir estupideces es un derecho humano".
Arthur Schopenhauer.
Dialéctica erística.
viernes, 26 de noviembre de 2010
Todos tenemos algún grado de estupidez propia y momentos en que esa parte de nosotros se sublima. La diferencia está en la magnitud de ese grado y en la frecuencia e intensidad de tales momentos.
Mientras la palabrería es propia del necio, la escucha lo es del sabio.
Mientras la palabrería es propia del necio, la escucha lo es del sabio.
La razón poderosa no requiere ni muchas palabras ni demasiados decibeles.
Cuando las ideas carecen de fuerza se suele vociferar, así cuando está ausente la fuerza de la razón, se busca persuadir o imponer con la fuerza de la voz.
No siempre lo ingenioso va de la mano con lo sensato.
Hay quienes son insensibles a toda suerte de ironía.
Pocas cosas más absurdas que esta recurrente pretensión humana de tener invariablemente la razón.
La vida es muy bella, sólo hay que saber encontrar la belleza del mundo, oculta entre tanta fealdad.
Presunción, vanagloria y mendacidad, todo en alta voz, aniquilan cualquier conversación.
Hay enanos intelectuales y morales que suelen trepar a la cabeza de los demás para aparentar mayor estatura.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
miércoles, 18 de agosto de 2010
Al fin y al cabo ¿cuál es la diferencia entre un racionalista ilustrado que ve lo que es justo, y lo defiende con pasión, y un emotivista ilustrado que elige lo que en su opinión es justo, y lo defiende con pasión?
Paolo Comanducci.
La irrelevancia moral de la diversidad cultural.
Publicado en Doxa N° 30, 2007.
lunes, 5 de julio de 2010
[...] Cometemos un error muy común cuando creemos ignorar algo porque somos incapaces de definirlo. Si estuviéramos de un humor chestertoniano (creo que uno de los mejores humores en que sentirse), diríamos que sólo podemos definir algo cuando no sabemos nada de ello.
Por ejemplo, si tengo que definir la poesía y no las tengo todas conmigo, si no me siento demasiado seguro, digo algo como:« poesía es la expresión de la belleza por medio de palabras artísticamente entretejidas». Esta definición podría valer para un diccionario o para un libro de texto, pero a nosotros nos parece poco convincente. Hay algo mucho más importante: algo que nos animaría no sólo a seguir ensayando la poesía, sino a disfrutarla y a sentir que lo sabemos todo sobre ellas.
Por ejemplo, si tengo que definir la poesía y no las tengo todas conmigo, si no me siento demasiado seguro, digo algo como:« poesía es la expresión de la belleza por medio de palabras artísticamente entretejidas». Esta definición podría valer para un diccionario o para un libro de texto, pero a nosotros nos parece poco convincente. Hay algo mucho más importante: algo que nos animaría no sólo a seguir ensayando la poesía, sino a disfrutarla y a sentir que lo sabemos todo sobre ellas.
Esto significa que sabemos qué es la poesía. Lo sabemos también que no podemos definirla con otras palabras, como somos incapaces de definir el sabor del café, el color rojo o amarillo o el significado de la ira, el amor, el odio, el amanecer, el atardecer o el amor por nuestro país. Estas cosas están tan arraigadas en nosotros que sólo pueden ser expresadas por esos símbolos comunes que compartimos. ¿ Y por qué habríamos de necesitar más palabras?
Puede que no estén ustedes de acuerdo con los ejemplos que he elegido. Quizá mañana se me ocurran ejemplos mejores, quizá piensen que debería haber citado otros versos. Pero, ya que pueden elegir sus propios ejemplos, no tienen que preocuparse demasiado por Homero, los poetas anglosajones o Rossetti. Porque todo el mundo sabe donde encontrar la poesía. Y cuando aparece, uno siente el roce de la poesía, ese especial estremecimiento.
Jorge Luis Borges.
El enigma de la poesía. Arte poética.
jueves, 1 de julio de 2010
La verdad es que no tengo ninguna revelación que ofrecer. He pasado la vida leyendo, analizando, escribiendo (o intentándolo) y disfrutando. He descubierto que esto último es lo más importante. Embebido en la poesía, he llegado a una conclusión final sobre el asunto. Es verdad que, cada vez que me he enfrentado a la página en blanco, he sabido que debía volver a descubrir la literatura por mí mismo. Pero nada me vale el pasado. Así que, como he dicho, sólo puedo ofrecerles mis perplejidades. Tengo cerca de setenta años. He dedicado la mayor parte de mi vida a la literatura, y sólo puedo ofrecerles dudas.
El gran escritor y soñador inglés Thomas de Quincey escribió -en alguna de las miles de páginas de sus catorce volúmenes- que descubrir un problema nuevo era tan importante como descubrir la solución de uno antiguo. Pero yo ni siquiera puedo ofrecerles esto; sólo puedo ofrecerles perplejidades clásicas.
Jorge Luis Borges.
El enigma de la poesía. Arte poética.
martes, 15 de junio de 2010
En las alturas de la historia por que a la fecha bogamos, resulta demasiado pueril creer que la vida pública puede, en última instancia, regularse científicamente. Tan pueril como creer que la política ha sido inventada por los políticos, y que suprimiendo a éstos, se suprime a aquélla. La verdad es, por el contrario, que la vida pública consiste a la postre en una mecánica de voluntades, en la presión de unas masas de opinión sobre otras masas de opinión. Esto ha sido siempre, y esto seguirá siendo cada vez más [...] El pero arreglo nos parece éste de sustituir a los políticos por técnicos. No: lo que hace falta en la gobernación no son técnicos, sino políticos competentes.
José Ortega y Gasset
Políticos y Técnicos (1920),
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